5.11.14

“Principios básicos:
Ninguna mujer se despierta diciendo: “Dios, espero no enamorarme hoy”. – Hitch. 
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Todas las mujeres crecemos, consciente o inconscientemente, con un objetivo fundamental desde que tenemos uso de razón (o más bien de corazón): encontrar el amor de nuestra vida. Nosotras siempre tan tradicionales… y yo no voy a ser una excepción. Ni la mujer más independiente, más moderna y más orgullosa podría negarlo.
Claro que también dicen que para conocer al amor de tu vida primero hay que tropezar con unos cuantos canallas. Todas tenemos un expediente abierto con algún caso. No podía ser tan fácil. Sin embargo, gracias a esos tropezones, vamos aprendiendo y cogiendo experiencia. Con el tiempo, desarrollamos el famoso detector para evitar lo que no nos conviene, que curiosamente suele ser lo que más nos atrae. Nos gustan demasiado los amores kamikaces, siempre ha sido ley de vida.
El caso es que para encontrar el amor de tu vida hay que arriesgarse las veces que haga falta. No lleva un cartel en la frente diciendo “Soy Él” para identificarse, así que déjate de ese miedo a sufrir que te impide darle la oportunidad a una nueva experiencia. De toda la vida de dios: No risk, no glory. Quién dice que el siguiente no puede ser el tren que esperabas… Lo más probable es que no, para qué engañarnos. Pero oigan, no desesperen, porque tengo un halo de esperanza que ofrecer: doy fe, por experiencia, que esa leyenda urbana de ¡será cuando y donde menos te lo esperes!… es cierta. Sí señoras, es cierta.
Para distinguirlo, el secreto siempre está en la sonrisa. Esa inevitable y delatadora sonrisa de enamorada perdida que tenemos todas al principio, la cual no tiene ningún mérito porque cualquier canalla sabe robárnosla al comienzo. Lo difícil y la clave es mantenerla hasta el final, y eso solo podrá hacerlo la persona que buscas, la única capaz de dibujarte esa sonrisa ahora y el resto de tu vida. Será entonces cuando podrás sacar tu corazón y anotar en secreto: objetivo cumplido.

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